Las nuevas generaciones exigen reinventar la educación, desarrollar habilidades y competencias. Los docentes del siglo XXI deben innovar en las técnicas y procedimientos utilizados, preparando a los estudiantes para trabajos y actividades aún no conocidas. Deben enfatizar el desarrollo de la creatividad, el pensamiento crítico y la versatilidad que les permita adaptarse a los nuevos y cambiantes escenarios.
La Prof. Verónica Linares comenzó el tema haciendo una diferenciación de las 5 generaciones que hoy conviven en la sociedad, con características propias que deben ser tenidas en cuenta a la hora de diseñar los procesos de educación.
Los Tradicionalistas, Baby Boomers y la Generación X (la generación bisagra) aceptaban parámetros más estructurados: aulas con sillas en fila, estudiantes mirando al frente, docentes que daban clases magistrales y eran el centro de éstas, entre otras características de la educación del siglo XX.
En cambio, las generaciones del siglo XXI, debido a la alta interacción con la tecnología, cambian sus costumbres, valores e irrumpen con ideas totalmente diferentes. Algunas de estas diferencias son: “priorizarse”, ver el mundo sin fronteras, les interesa experimentar, tienen acceso a la información en forma inmediata y global, su objetivo primordial es “ser felices”. En el trabajo priorizan el buen clima, son flexibles y se animan a tomar riesgos, están acostumbrados a la inmediatez, son cortoplacistas, cuestionan en lugar de aceptar, se identifican con el trabajo y el aprendizaje colaborativo, les gusta ser parte de la idea y del proceso.
Por otro lado, los Centennials o Generación Z profundizan aún más estas tendencias. Son los nativos digitales y tienen aún mayor interacción con las redes sociales. Utilizan el celular en forma permanente, casi como una extensión de su cuerpo. Los aprendizajes son experienciales y más vivenciales, no de contenidos, ya que tienen acceso a ellos de forma inmediata a través de la tecnología. Son multi-tareas, gammers, lo que lleva a incluir técnicas de “gamificación” en las clases, el recurso del aprendizaje basado en proyectos, las aulas invertidas y otras estrategias didácticas. La tecnología permite además que el aprendizaje tenga lugar fuera de clase, en comunidades virtuales. No creen en las marcas, sí en los influencers, son pragmáticos, buscan experimentar, prefieren las preguntas a las respuestas, son inconstantes, internet está en la base de sus necesidades básicas.
Estas características desafían los modelos del siglo XX y generan la necesidad de un cambio total de paradigma a la hora de diseñar la educación del siglo XXI, en la cual el profesor ya no es el que tiene el conocimiento sino el que lo facilita, orienta su búsqueda, ayuda a desarrollar el sentido crítico e inspira. El aprendizaje es un proceso centrado en el alumno, que se apoya en la tecnología.
A modo de ilustración de estas tendencias, la profesora compartió con los asistentes metodologías y experiencias de su reciente visita al Instituto Tecnológico de Monterrey en México, que está a la vanguardia de la innovación educativa en el mundo.